viernes, 4 de septiembre de 2009

monjes y psicoanálisis


Me ha fascinado una historia increíble de aplicación del psicoanálisis dentro de un convento. Ocurrió aquí, en México, muy cerca de la ciudad de Cuernavaca, en los años sesenta.
El padre Gregorio Lemercier nacido y ordenado en Bélgica, llegó a México en la década del ’40, y en 1950 funda el monasterio benedictino de Santa María de la Resurrección en Ahuacatitlán, estado de Morelos.
Un episodio de alucinación propio sorprendió un día de 1960 a Lemercier, siendo ya prior de este monasterio, y a la mañana siguiente decidió solicitar ayuda médica. Este es el comienzo de su tratamiento de psicoanálisis individual con el Dr. Gustavo Quevedo. Unos meses más tarde, comprendió que el psicoanálisis, como terapia grupal, podría ser útil para los monjes de su monasterio y dio inicio así a esta insólita práctica dentro de los predios de una institución religiosa.
La experiencia de aplicar el psicoanálisis para los miembros de una comunidad tan cerrada como la conformada por los monjes de un convento, tenía la primigenia intención del prior Lemercier de “depurar la fe”, de despejar la verdadera y auténtica vocación que había llevado hasta allí a cada monje, extirpándole toda la hojarasca de debilidades, apetitos de poder, neurosis, homosexualidad, psicosis o perversiones… era el afán de que ellos empezaran a vivir una religión bien entendida.
Imagino por un instante las sesiones de psicoanálisis grupal de aquéllos veinticuatro monjes del convento, conducidas por los doctores G. Quevedo y la argentina Frida Zmud. Cuán difícil debió haber sido en ocasiones, para sus jóvenes participantes, esta encomienda a la expresión, a tomar la palabra para hablar de sí ante todos. Eran sesiones en las que se debatían, también entremezclados, los asuntos personales y los de la institución religiosa, la fe, el temblor, lo poco que cada quien ya hubiera atrapado de uno mismo, las dependencias afectivas, la vocación escogida, la convivencia de todos.
El sendero que se abría entonces era muy novedoso dentro de la ortodoxia del discurso religioso de la época que, sólo muy recientemente había dado, por ejemplo, el paso de celebrar sus misas en español. Pareciera como si se hubiera podido suspender en el tiempo una única vía de acceso a la verdad, aireándose otra, esta vez traviesamente médica, nueva, subversiva, incisiva sin recurrir a los fuegos del castigo.
El Vaticano decidió pronto tomar cartas en el asunto. Temeroso además, de abrirle cualquier puerta a los cuestionamientos de método o pensamiento arcaicos de su dogma, condenó a Lemercier a abandonar el convento y a que quedara eliminada la teoría o la práctica del psicoanálisis en el monasterio, so pena de suspensión definitiva.
Después de apelaciones ante el papa, sucesivas visitas de eclesiásticos a Cuernavaca, sanciones y regresos, Lemercier finalmente, en 1967, ya determinado, se reúne con sus monjes. Ante la disyuntiva de abandonar el psicoanálisis o la renuncia a los votos de la iglesia, el prior y 21 de los veinticuatro monjes toman la decisión colectiva de separarse del sacerdocio y de la vida como religiosos. El convento se clausura.
Fundan entonces el Centro de Psicoanálisis Emaús, ofreciendo un hogar y terapia psicoanalítica para jóvenes con diversos desórdenes, sin importar su religión o clase social.
Con su nueva vida laica (se añade en las biografías) Lemercier conoció a Graciela Rumayor, con quien se casó. El Centro Emaús estuvo en funcionamiento hasta aproximadamente 1979-80.
Pienso que algunas tempestades hacen estallar entre sí a los diversos discursos que pretenden explicar el alma humana. No es asombroso hoy en día que muchos se trasvasen, se contaminen, se agranden y que acaben por desprender, poco a poco, aquello que de verdad no sirve para nada.

*A la Sra Vicky, que me habló por primera vez de la historia, sentadas a la orilla de este mar.

9 comentarios:

Ernesto Menéndez-Conde dijo...

Una de las historias mas locas que he escuchado en los ultimos dias. Que curiosa disyuntiva entre religion y psicoanalisis, la que tuvieron que enfrentar esos monjes. Crees que pueda decirse que pasaron de una religion a otra? Claro que en mi pregunta asumo un poco el papel de abogado del Diablo. Pero me llama la atencion en la sociedad que formaron mas tarde la religiosidad no era un requisito. Ellos no hicieron ningun esfuerzo por iniciar una especie de psicoanalisis cristiano; mas bien pareceria que ensayaron algo asi como una alternativa a la religion. Bueno, solo pienso en voz alta; pero en ocasiones me da la impresion de que el psicoanalisis tiene en si mismo algo de religion tambien (lo cual, desde luego, no quiere decir oscurantismo). Puede ser? Un abrazo.

Verónica dijo...

Hmm, no lo sé bien, lo que revisé de su biografía inclina a pensar que a pesar de haber sido dispensados de su labor como sacerdotes, Lemercier y los monjes no abandonaron su religiosidad. Y también que en el nuevo Centro Emaús, mantenían algunas directivas casi conventuales... el paso será definitivo pero parece no ser nunca absoluto!
Psicoanálisis como una religión? Qué ideas, Ernesto! Otro abrazo para ti,
Verónica

Anónimo dijo...

vite et frivolement de loin (et près)
leyendo rápidamente el título recibí "Mon je y psicoanálisis".
Pero si este padre hizo el más cristiano de los actos. No decía el de Nazaret "la verdad os hará libres"?
Saludos del sur que sueña con el norte,
ELB

Verónica dijo...

Cher passeur Beno, tal vez los monJes, hayan encontrado alguna verdad, no sabemos. Hay serias investigaciones que dan curso a la explicación clínica de psicosis en Lemercier. Hubo quizás certezas atisbadas de algo más allá de la propia fe, que decidieron perseguir, aún a pesar de todo. Prometo investigar más sobre este acontecimiento.
Saludos, saludos del norte,
Verónica

Güicho dijo...

Daría para una película seria, si los pinches mejicas no fueran tan leves.

ayalasaenz dijo...

Se me hace que va mas por el lado de "Temet Gnosce".

Saludos desde el muyyyy norte que extrana al Sur..........

Marta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ignatvs dijo...

La disyuntiva no fue entre religión y psicoanálisis, fue entre religión y religión CON psicoanálisis.

En el centro Emaus, no había alguna directiva conventual; había las reglas simples que ponen orden y cordialidad en una casa.

El psicoanálisis era algo personal y raramente discutiamos temas en torno a la terapia. Para las sesiones de terapia viajabamos a la ciudad de México; esa fue una practica sugerida por el Dr. Quevedo, después de la experiencia desastrosa con Gonzalez de la Garza.

Falta, en la historia del psicoanálisis en México, particularmente en la del monasterio y luego del centro psicoanalítico Emaú, la referencia a todos esos jovenes que hicieron esa historia. Lemercier fue, desde luego, el principal protagonista junto con Quevedo y Frida Zmud, pero tambien están los monjes y los jovenes que siguieron a Lemercier.

ignacio@enlaventana.com

Alejandro A. Basilio dijo...

Nomás un comentario en cuanto a la crítica del psicoanálisis como una especie de nueva religión, de donde salen algunos puntos que no hay que descartar del todo - lo que no implica descartar al psicoanálisis en sí (o a la religión, ya entrados en esas). Por ejemplo, la cuestión respecto al 'aura' fundacional alrededor de la figura de Freud y de sus textos; con esto me refiero al hecho de que a pesar de las divergencias entre distintas corrientes, no hay tal cosa como una formación psicoanalítica que no incluya la lectura directa de los libros de Freud (nomás no: ni en México, ni en París, ni las Pampas, ni en ninguna parte). Algo similar no ocurre en las ciencias naturales, donde los textos publicados hacen un siglo tendrán valor histórico, pero rara vez un valor práctico para la formación y desarrollo actual de la disciplina.

Quizá la situación de la filosofía sea parecida al psicoanálisis en el aspecto de que los textos antiguos aún tienen validez en ese sentido; pero con todo y eso, el estudio de la filosofía no depende tanto de una figura fundacional - uno puede dedicarse a Platón e ignorar (un poco) a Aristóteles, o viceversa; o desatender a esos dos y abocarse a los pre-socráticos, o en fin... los puntos de partida son un más amplios (aunque casi siempre son los griegos!). Pero en el psicoanálisis - en tanto psicoanálisis - pa' bien o pa' mal uno nomás no libra a la figura paternal de Freud. ¿Y bueno, en qué otros lados pasan esas cosas además de en la religión o el psicoanálisis?