martes, 11 de noviembre de 2008

Palabrerías


Me entusiasman y me intimidan las palabras. Por eso jugar con ellas resulta tan placentero, más allá de aquella exigencia que la escucha en la clínica psicoanalítica impone.
Encuentro un concepto de nombre tan feo como antanaclasis, que es una de las figuras de la retórica, y me anima lo suficiente. Es la repetición de una misma palabra en un escrito, pero con significados diferentes. Un ejemplo tímido: “¿Y Ud., no nada nada? Es que no traje traje”.
Sí, son palabras polisémicas, y son, hay que decirlo, una de las presas predilectas de los analistas al escuchar el discurso del paciente. El inconsciente, todo un genio en las leyes y figuraciones lingüísticas, se desliza subrepticiamente con estas delicadezas para manifestarse. De repente un vocablo (o significante) puede aparecer en medio de una frase con otro sentido del esperado en el contexto, para decir algo más.
Y luego, mucho nos muestran las divertidas particiones de las palabras: Útiles de jardinero (Útil es dejar dinero). O el verso de Garcilaso de la Vega: El dulce lamentar de dos pastores (El dulce lamen tarde dos pastores).
Desde 1906 Ferdinand de Saussure explicaba en su Curso de Lingüística General lo que él llamó el signo lingüístico, como la unión indisoluble entre la significación (concepto) y el significante (imagen acústica) de una palabra determinada. Tendríamos: lo que significa Árbol, y como suena á-r-b-o-l.
Años después, Lacan toma este signo, lo destruye y se queda sólo con el significante (o la materialidad fónica de la palabra) para independizarla de su significado, esto querrá decir que el significante no está abrochado a ningún significado en particular, sino que puede correr libre y abrocharse a múltiples significaciones o sentidos, según se ubique en relación (y diferencia) con otros significantes.
Que mi idea cuando digo silla no es la misma que piensas ahora mismo. (Y, al proferirla, pudiera ser también ¡Sí, ya!)
Y el significante se hizo casi el centro de todo el psicoanálisis lacaniano. Partiendo de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, entonces quiere decirse que en él se siguen las mismas leyes de la lingüística (la metáfora y la metonimia, por lo general) en sus conocidas formaciones: el sueño, el síntoma, el acto fallido, el chiste, el lapsus.
Pero un análisis correría el riesgo de infinitizarse si se queda reverberando sólo en los juegos de palabras, en estos intercambios de significantes para hallar nuevos sentidos. El analista sería un ser avezado en antanaclasis, en equívocos, en retórica, en poesía, al fin, y le estaría devolviendo a su paciente toda esta transmutación de sentidos continuamente. No, no es ese el único modo de trabajar en un análisis. Ni por ese sesgo de palabrerías se incide totalmente sobre el síntoma, que es en sí mismo un fenómeno hecho de significante y de…algo más, real.
Un acto serviría para detener el insistente manar de significantes.
Mientras, lejos de la consulta, es muy entretenido: “-Discutí con el camarero -¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? -Porque cuando como me gusta que me traten bien.”
“Pensé: ¡qué memoria! (Pensé que me moría)”
¿Vienes, vienés? ¿Cabrá la cabra?....
Y:
*La foto es con dedos. La foto esconde dos

6 comentarios:

Ernesto Menéndez-Conde dijo...

Querida Veronica:
he disfrutado mucho este post. Lo he leido varias veces y cada vez me resultaba mas deslumbrante, desde el nada nada, traje traje, con todo el cantinflismo que tiene -que evidentemente se te ha pegado por comer muchos tacos con chile y guacamole- hasta esconde dos (que tambien podria dividirse en "es Conde Dos"). Muy ingenioso todo. Que deleite leerlo. Se me ocurre que el juego se hace virtualmente infinito cuando se mezclan indiscriminadamente dos idiomas (por ejemplo el ingles y el espanol, o el espanol y el arabe). asi, por ejemplo, Manhattan, podria ser "Man hat tan...que podria traducirse como "El hombre del sombrero color canela"... o "El hombre del sombrero tan...(y aqui "tan" en espanol..."tan, pero tan")Y otra curiosa seria:

Abracadabra.

Por cierto, el verso de Garcilaso es inolvidable. Todavia recuerdo la primera vez que lo escuche.

Un abrazo.

Ernesto Menéndez-Conde dijo...

Y la foto efectivamente esconde dos dedos. Que ingenioso.

Verónica dijo...

Gracias, Ernesto. Que curioso, quizas para alguien que también "es Conde dos" sentidos no hayan bastado! Y lo del sombrero tan grande, Manhattan, me da mucha risa, avivada tal vez por el chile al que ya le entregado gran parte del sabor de mis comidas.
Me quede sin comprender Abracadabra, pero debe seguir siendo esta la palabra incomprensible que con solo invocarse, se abren muchas cerrazones. Ademas, ¿quien habra dicho que hay que entenderlo todo?
Muchos saludos,gracias por pasar!
Verónica

Ernesto G. dijo...

Oh, el viejo Ferdinand de Saussure. Me has recordado mis tiempos de la universidad y su tratado de linguistica. Excelente el post. Cabrera Infante jugaba asi con el lenguaje. Saludos.

Verónica dijo...

Hola, Ernesto G. Sí, Cabrera Infante tenía ese modo tan exquisito de jugar con palabras o frases, y esto hace más admirable su literatura. Como si "pudiera", en su sentido de dominio, más con las palabras.
Entonces, tu estudiaste la lingüística en serio! Quizás por eso logres mejor tus poemas...
"Aunque sea arte de palabras, la poesía sería, poderosa, trascender." (Aun que se harte de palabras, la poesía seria, poder osa trascender) Este era otro juego, perdón.
Muchas gracias por venir!
Saludos,
Verónica

Ernesto G. dijo...

Veronica, que bueno habla de estas cosas, que bueno perderse en las palabras, en su belleza, en sus sonidos, en sus significados multiples...

Estudie linguistica dentro de la carrera y despues hice un curso de posgrado que duro un año. Tuve pensado hacer un master en linguistica aqui en los Estados Unidos, pero despues cambie de idea y lo hice en la ensenanza de lectura que es lo que hago. Pero la linguistica es un campo fascinante.