viernes, 1 de agosto de 2008

Juego con niños


Los adultos hablan. Los niños dibujan y juegan. Es lo que se encuentra por lo general en el trabajo clínico en el consultorio. Con los niños ocurre una particularidad, que consiste en que casi siempre son “traídos” por los padres, la escuela o por alguna institución determinada (ya sea otras especialidades médicas, una indicación del sistema judicial, etc.)
El hecho de que los niños no acudan a consulta por voluntad propia, se corresponde con la constatación de que en su mayoría son sujetos que no sufren tanto su síntoma (aún cuando existen casos de verdaderos y crueles padecimientos) sino que ellos, con su síntoma, hacen sufrir a los demás, les demuestran, en fin, que ellos encarnan al niño que no está a tono con lo esperado de él, que no cumple con las expectativas ideales y prescritas para él por padres y maestros… que es molesto, sobre todo.
Y vienen, no creyendo mucho ni en la incomodidad que causan, ni en este analista que les sonríe, se sientan y acceden a balbucear retazos de respuestas, a dibujar y a descubrir todos los juguetes que hay en este lugar “inusual”.
Toda la labor desplegada por el niño en consulta tiene el mismo valor de asociación libre que el discurso en el adulto. El juego del pequeño sigue pautas no azarosas, sino interpretativas de aquello que no acaba de comprender todavía. Es común ver a los niños recrearse en un juego que repite sin cesar la escena traumática, o aparece un verdugo cruel con una víctima indefensa o menor, o vemos que vuelven con juguetes al mismo punto de colisión nefasta una y otra vez. La creatividad alrededor de lo abrupto es verdaderamente infinita.
Con el niño también indagamos sobre lo jugado o dibujado, pues que lo verbalice es una vía tan preciosa como cuando a un adulto le pedimos que hable sobre el sueño que viene a contarnos. Y ahí, poder interpretar, anudar nuevos sentidos, sostener algo de su propio deseo, quizás un poco ahogado por el de sus padres…
No comparto la idea de que sea más fácil el psicoanálisis con niños que con el adulto. El niño es, asimismo, un sujeto, es alguien que utiliza la palabra (en su connotación más simbólica, por ejemplo, el juego visto como toda una parrafada), y que puede establecer lazos transferenciales en análisis y elaborar nuevas soluciones.
Con ellos se juega en consulta… atentamente.




*Dibujo de un niño, 4 años

2 comentarios:

Ernesto Menéndez-Conde dijo...

que interesante. Queria preguntarte si el juego o el dibujo no seria un lenguaje mucho mas plural que la palabra? Digamos, por ejemplo, para usar el dibujo que con el que ilustras la entrada, la representacion de un ser humano. Ademas del hecho de mostrar los brazos abiertos o cualquier otro detalle, habria muchas otras maneras de representar la misma figura. Usando, igual se me ocurre como ejemplo, una sucesion de puntos, o breves lineas quebradas o trazos mas firmes o mas ondulados (las variantes si no llegan al infinito o al menos podrian ser muy numerosas). Tambien esto se considera dentro de la interpretacion? Y de ser asi -sospecho que lo sea- como se lee? de acuerdo con que codigos? Podrias ponernos ejemplos de esto? Saludos.

Verónica dijo...

Si, el juego y el dibujo ya son soluciones simbolicas, ya tratan, digamos, de congelar alguna explicacion. Por eso es importante lo que cada niño dice acerca de lo que ha hecho. Es interesante, poque en psicoanalisis el acento no esta puesto tanto en la buena forma final de lo dibujado, por ejemplo, como lo mejor de todo es lo que dice el autor sobre el. Lo que es lo mismo: no sirve de mucho un producto mudo ahi. (Tambien es interesante la propia sucesion de actividades del niño, qué hizo primero, si interrumpio, si de ahi fue a modelar o a seguir "diciendo" su problema a traves de otros juguetes, etc.)
Que decirte, no hay un codigo comun de simbolos que pudieramos consultar para ver que quiere decir cada figura o trazo. Mas bien, tratariamos de dar con el codigo que tiene el propio niño, para quien este trazo significa esta cosa, y no la otra, o este color indica esto.
Hay pequeñas obras de arte! Pero con poco público...
Saludos,
Verónica