sábado, 12 de julio de 2008

Depresión


¡Sola en casa!
La familia de vacaciones y yo, pues…aquí, trabajando… Quizás con un poco de tristeza esté yo en mejor disposición para tratar el tema de la depresión.
Pero no trataré aquí de la depresión en su acepción vulgar, con la que se llama a cualquier sentimiento impreciso, vago, que nos acongoja comúnmente ante la menor caída de ánimo. (Un día jugaremos más con el lenguaje, porque torciéndolo se encuentra placer, y un poco de oído de psicoanalista) (Por ahora, y para seguir desobedeciéndome: Uno dice depresión y acuden en tropel muchísimas cosas: entidades clínicas, sensaciones vagas de malestar existencial, descalabros económicos, severas melancolías patológicas, medicamentos antidepresivos, y si digo De-presión, ¡ah!)
Las sinuosidades anímicas, un día bien, otro mejor, otro malísimo, después regular, nos revelan lo más humano que nos define: que no somos, por suerte, artefactos diseñados con un funcionamiento feliz y constante. La vida está compuesta también de separaciones, de infortunios, y está por supuesto sujeta a pérdidas.
La tristeza asociada a los estados de duelo por haber perdido a una persona, un lugar, un objeto, ilustra en la vida que aquello que perdimos no es fácil de sustituir por otro, que este proceso lleva un tiempo (llamado elaboración del duelo); y posee la belleza contradictoria de que habrá que volver a simbolizar aquello que verdaderamente se perdió con lo ido.
Pero hoy en día la depresión está de moda, y casi parece una epidemia de la humanidad (esto va de la mano con el alza del consumo de fármacos antidepresivos, pero esa es otra historia). Así, la noción clínica saltó al uso desmedido de médicos y pacientes, dándole sentido, etiqueta y remedio a todo estado de tristeza, en sus diferentes gradaciones.
La depresión clínica circunscribe más un padecimiento profundamente doloroso con el cese de todo interés por el mundo, con una inhibición de toda la actividad de la persona, con ese retiro del amor hacia casi todo en general.
Muy severa, la Melancolía, (¡oh, no aquella canción!) fue aislada como entidad patológica por la psiquiatría desde fines del S.XIX. La melancolía es una grave patología de la tristeza, que añade también la extraordinaria disminución del amor propio, cierta “indignidad” que siente el paciente hacia sí mismo, junto a la necesidad de castigo. Conlleva, desgraciadamente, el mayor riesgo de suicidio.
La soledad puede inclinar un poco por sí misma hacia la tristeza. A mí, con sólo sentarme, comer sin nadie al lado, no hablarle a nadie, me es fácil deslizarme hasta allí. Se me ocurre que puedo, en cambio, tratar de hacer algo con ella.
*Fotos de mi hermana L.

6 comentarios:

Ernesto Menéndez-Conde dijo...

Queria preguntarte si es posible cultivar eso que llamas "sinuosidades animicas". Es decir, mitigar los momentos de melancolia, hacerlos cada vez mas breves y menos intensos. Personalmente creo que si puede hacerse. Y ahi estaria el papel fundamental del arte en la vida cotidiana. Creo que seria preferible -y mas eficiente- ir a un museo, a un concierto, leer una novela en lugar de tomarse una pildora.
La pildora posiblemente resuelva el malestar de manera transitoria. La visita al museo, la lectura, la asistencia a un concierto ofrecen una solucion que es acumulativa y que tambien se despliega, si puede decirse asi, en profundidad: escuchar una sinfonia permitira comprender mejor la proxima y hasta ayudaria, por ejemplo, a entender un poema. Mirar una pintura adiestrara a la hora de contemplar la siguiente, etc hasta que se crea un sistema de relaciones , un crescendo. Bachelard escribio: "la verticalidad del psiquismo es tal que el que no asciende, cae". Y creo que se podria agregar: el que asciende, a partir de determinado momento, ya no puede caer. El mejor ejemplo que se me ocurre es el del "hombre desnaturalizado" (yo puse una entrada en mi blog sobre esto. Una traduccion de un escrito titulado "Bajo la luna llena con Bernard Berenson").
Arriesgaria que la depresion es proporcional a la vida apresurada. Y en ese sentido es un padecimiento muy norteamericano. Cuando se come deprisa, se ven imagenes que se mueven rapidamente (la TV o cierto cine comercial), no se hacen siestas, se atiende el telefono mientras se lee algo en el ordenador, etc, los riesgos de deprimirse son mas inminentes. Tiene sentido?

Verónica dijo...

Ernesto, el arte tiene un papel ennoblecedor en la vida anímica. Y es una bella vía para calmar ansiedades y desdichas. Ahora, el sufrimiento humano no cesa frente a la experiencia artística. Hay algo inherente al hombre que estaría en el centro de su malestar, y que está ligado a la imposibilidad de armonía total entre su deseo y la posibilidad de satisfacción. De otro modo dicho, el malestar aqueja de manera más violenta o más pasajera, pero está vinculado a una angustia de existir, y esto desemboca, en ocasiones, en episodios depresivos en el ser humano. Con relación al hombre “no natural”(De BB), de acuerdo, pero creo que aún el hombre cultivándose toda la vida, aún formándose una sensibilidad suprema eso no le exime de caer… Caerá porque es humano y porque su felicidad no está circunscrita ni subsumida en el hecho artístico. Por algún lado le hincará la insatisfacción.
No es puro pesimismo de psicoanalistas. No será posible atraparlo todo a través del saber, éste siempre se escapa y no nos alcanza para explicar la falla del sujeto en el mundo.
Sí creo que la vida agitada estaría asociada a la depresión, pero por el imperativo de tener que cumplir con todo a la vez, en un mínimo de tiempo, y mantenernos en un ideal óptimo de rendimiento. “Hay que estar estimulados todo el tiempo”, no hay piedad con los morosos o los que no van al ritmo pautado.
Gracias por tu comentario, así la soledad es más llevadera!

Ernesto Menéndez-Conde dijo...

Muchas gracias por tu respuesta. Muy a mi pesar creo que tienes razon. Y digo muy a mi pesar porque siempre pense que la apreciacion de una obra de arte y el desarrollo de la dimension estetica podrian ser suficientes para anular esas angustias existenciales que todos padecemos y que tu describes tan acertadamente. Personalmente esa creencia me ha permitido sobrellevar -no se bien si con demasiado realismo o con un exceso de ingenuidad porque en algun punto ambas cosas parecen trocarse-situaciones mas o menos complicadas.
Hoy no existen personas como BB y otros historiadores de arte de su tiempo que, junto a la sensibilidad para apreciar el arte tuvieron una erudiccion incomparable. Los historiadores de arte de hoy estan a annos luz de aquellas figuras. Digo esto solo para comentar el hecho de que estas personalidades, cuyo trabajo consistio basicamente en mirar obras de arte, atravesaron por crisis muy graves sin haber perdido su fe en el arte ni su alegria de vivir (BB era un judio durante la Segunda Guerra Mundial y no se si nosotros podamos imaginar el sentimiento de culpa que debio padecer un judio por el mero hecho de haber sobrevivido al Holocausto)
Pues yo tambien disfruto mucho dialogar contigo. Ahora mismo le robo unos minutos a mi trabajo para hacer un comentario.

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

Acaso sin quererlo, terminamos por ponemos viejos al compás de nuestro cuerpo -tic tac- no porque la vanidad sea más grande que las ganas de vivir, sino porque cada día se aprende a callar mejor, a tomar distancias... a pactar con el miedo, en eso radica una gran parte de nuestra soledad. Es que estamos enfermos de silencio.

Verónica dijo...

Hola, bienvenidos, Generación Asere. Habrá también varias soledades, es verdad que "madurar" tiene que ver con acercarse más íntimamente a uno mismo, y aprender a estar a solas con uno mismo y, llevarse bastante bien con ese. Bueno, yo estoy, nada más por unos dias, sola porque no hay nadie más en la casa, sencillo. Ojalá esto me ayude a madurar!
Saludos,
Verónica

Aguaya Berlín dijo...

Hay muchas veces en que disfruto el estar sola, en dedicarme más tiempo a mí misma, para leer, para descansar, para comprarme algo que me guste, etc. Lamentablemente esos momentos son cada vez menos con los dos nin~os que tengo, pero me hacen bien también.

Si de nostalgia se trata... no necesariamente (en mi caso) es mayor cuando no estoy acompan~ada. Puede llegar hasta viendo una película determinada, rodeada de gente...

Saludos desde Berlín!
AB